Compartir tarima con bandas nacionales que defienden con garra nuestra identidad sonora fue un honor. Pero ver a Cherxor elevar su ritual frente a una multitud encendida, con las luces y distorsión, fue un acto de resistencia cultural.
OBÚS trajo historia. Nosotros trajimos raíz. Y juntos, tejimos un puente entre lo ancestral y lo eterno.
Gracias a Pelileo por abrir el portal. Gracias a cada alma que gritó, vibró y se dejó llevar por el fuego ritual.
Segundo lugar. Primer grito ritual.
Desde las tierras volcánicas de Ecuador, Cherxor cruzó fronteras con un solo propósito: encender el fuego ancestral en el corazón del metal latinoamericano. En Colombia, frente a un público feroz y junto a bandas poderosas de Ecuador, Colombia y Venezuela, se libró una batalla que fue más que música: fue identidad, fue legado, fue resistencia.
Cherxor obtuvo el segundo lugar. No viajamos a Alemania, pero dejamos una marca que trasciende el escenario. Porque cada riff fue un llamado a INTI. Cada golpe de tambor, un eco de los Andes. Cada mirada del público, un pacto con lo profundo.
No ganamos el pase. Ganamos respeto. No representamos en Alemania. Representamos aquí, ahora, y para siempre.
Gracias a quienes creen en lo ritual, en lo ancestral, en lo nuestro. Cherxor sigue. Más fuerte. Más oscuro. Más verdadero.
¿Crees que grabar un ritual solar es cosa seria? Bueno… sí, pero también es cosa de risas, humo en los ojos y un tambor que se perdió misteriosamente entre las montañas.
Desde el primer “¡acción!” hasta el último rayo de sol, el equipo de Cherxor se sumergió en una danza entre lo sagrado y lo inesperado. Los cantos casi invoca a la lluvia en plena toma (spoiler: funcionó), el vestuario ancestral se resistía a la gravedad, y el fuego ceremonial decidió prender… justo cuando nadie lo esperaba.
Hubo momentos místicos, sí. Pero también hubo café frío, cámaras que se creían parte del ritual, y un asistente que juró haber visto a INTI guiñarle el ojo.
Cada escena fue una ofrenda. Cada error, un aprendizaje. Cada risa, un recordatorio de que incluso en lo oculto, hay luz.
INTI nos iluminó. Y también nos hizo sudar.
Dicen que el metal es eterno… y nuestras fotos lo confirman. Desde escenarios improvisados con más humo que luces, hasta tarimas que temblaban con cada golpe de tambor, Cherxor ha dejado huella, sudor y uno que otro cable quemado.
Aquí están los momentos que no sabías que necesitabas ver:
El show donde el chamán se equivocó de lado y terminó invocando al técnico de sonido.
La presentación en la que el fuego ritual se prendió… ¡en el lugar equivocado!
El concierto donde el público gritaba tanto que INTI se asomó a ver qué pasaba.
Y sí, también está esa foto donde todos salimos serios… porque no sabíamos que ya habían tomado la foto.
Cada imagen es un portal. Cada escenario, un altar. Cada error, una anécdota que ahora es leyenda.
Gracias por ser parte del viaje.